sábado, 10 de octubre de 2015

Reivindicación de la "vulgaridad" idiomática.

Hablar y escribir en Español inculto. 

Algunos estudiosos son tan sabios y tan capaces que no tienen bastante con comprender una lengua. Tienen que domeñarla. Es mas, para demostrar que sus conocimientos son vastos, estudian otras lenguas y establecen clasificaciones y comparaciones; en base de sus orígenes, fonología, morfología, sintaxis, etc.: 

"Clasificación.- El español es una lengua indoeuropea de la subfamilia romance, concretamente una lengua del grupo iberorromance, por lo que las lenguas más cercanas a él son el astur-leonés y el gallego-portugués. Tipológicamente es una lengua flexiva fusionante, de núcleo inicial y marcaje de complemento y el orden básico es SVO (oraciones enunciativas sin topicalización)."

Es tal el conocimiento y dominio que adquieren de una lengua, que no se conforman con dominarla en su acepción 3ª del diccionario. Además quieren dominarla en sus acepciones 1ª y 2ª. Hasta el punto de reconstruirla, rehacerla, reinventarla.

Yo, que nací en Barcelona, en cuanto que muestro el D.N.I. soy catalán. Sin embargo, mis padres castellanos regresaron a su tierra burgalesa cuando yo tenía quince días. Aprendí a hablar con la lengua de mis padres, mis abuelos y nuestros vecinos. La lengua que se habla a la orilla del Arlanza y al abrigo de las Mamblas. Es la misma que hablan los habitantes del sureste de Burgos, de toda la provincia de Burgos y las provincias limítrofes.

Cómo y porqué se extendió esta lengua hasta convertirse en Española, tiene que ver con los acontecimientos históricos. Cualquiera que conozca un poco la historia lo sabe. Si no, ¡¡a las enciclopedias!!

Si consideramos el proceso inverso y regresamos a sus orígenes, tenemos que separar primero los territorios que fueron adoptando el Castellano al compás de La Reconquista. Antes de este largo proceso, en España se hablaba latín. El latín que hablaban los Romanos que conquistaron
 Hispania. El latín vulgar
Es de suponer que, en los lugares mas remotos, se mantuvieron las lenguas vernáculas. Conocemos la evidencia del Euskera. Podemos suponer también que esta permanencia, estuviese mas o menos condicionada por el grado de independencia y/o aislamiento de sus hablantes, tanto en cuanto pudieran prescindir del trato cotidiano con los ocupantes.

Sin entrar en mas detalles, se aceptan como primeras manifestaciones escritas en un Castellano balbuciente las de los cartularios de Valpuesta y hasta hace poco las Glosas Emilianenses y Silenses. 

Sea el Nordeste de Burgos, tocando Álava; sean los Monasterios de Yuso (plena sierra de La Demanda) o de Silos (estribaciones occidentales de la misma Sierra) con las salvedades y matices que se quieran argumentar como que en los textos en latín con anotaciones marginales en Castellano balbuciente, también se encuentran anotaciones en Euskera; o que las anotaciones de las Glosas no son propiamente Castellano, sino Navarro-Aragonés; podemos concluir que el Castellano nació al este de la provincia de Burgos. Las anotaciones en Euskera y la duda de si son Castellano o Navarro-Aragonés, no vienen sino a confirmar que eran zonas en contacto y que indudablemente influyeron en su génesis. 

Donde yo mamé el Castellano, está en el entorno de Sto. Domingo de Silos. Relativamente cerca de San Millán de La Cogolla. Tierra de Pelendones  (Numancia). Ahí nació el Castellano.

El Castellano que allí se habla, aún hoy, es no solo vulgar; es incluso tosco. Se usan palabras que ni vienen en el diccionario de la RAE : acigüembreesqueno. Otras se adornan: rampla por rampa, urnia por urna, glaria por garia; otras en desuso: implar, arpar. Las terminaciones en ado se contraen en au/ao: terminau/o por terminado, acabau/o por acabado. El imperativo no se acaba en ed sino en ei: coméi por comed, marchái por marchad; o se usa el infinitivo en vez del imperativo: ir por id, bailar por bailad. No se distingue bien entre el condicional (pospretérito de indicativo) y el pretérito imperfecto o pretérito de subjuntivo. "Si tendría dinero, compraría esa tierra". Y se usa el artículo para acompañar a nombres propios como se usa para los motes: el/la Marrón/a, Canario/a, Colorín/a, Rojo/a, Carrasco/a, Chis/a, Hermosuro/a... o los pagos: la Isa, la Nebreda, la Serna, el Soto, el Piélago, el Quemau, la Rasada, la Vega, el Amesau, la Varga, el Cerro... Así: el Domingo, el Emilio, el Jesús, el Antonio, etc. Hay algunas peculiaridades más, pero basta un botón para la muestra.
Esa es la lengua que se aprende "de oído".

Cuando se aprende a leer y se estudia la lengua que hablas, puedes tener profesores que hablan tu propia lengua y otros que la "saben" porque la han estudiado. Es más fácil que los primeros amen tu lengua. Los otros la conocen pero no la aman tanto como tu puedas amarla. No comprenden su esencia. No pueden penetrar, solo con el estudio de una lengua, en la idiosincrasia, el alma, el sentimiento y la manera de contemplar e interpretar la vida; del pueblo que la utiliza.

Es algo similar a la definición de la belleza: no se puede valorar la belleza solo por la apariencia externa. Una mujer, un hombre; pueden ser bellos y así se dirá si tienen una cara guapa. Tanto mas cuanto que sus facciones sean simétricas, el color de su piel sea mas o menos claro, el color de sus ojos, de su cabello... Su estatura, su complexión, sus extremidades...
Si se tuvieran en cuenta todas las características físicas y todas fuesen excelentes, algunos individuos destacarían por los ademanes, la manera de andar o de reír, el tono de su voz, su simpatía, sus ocurrencias, la forma de comer o beber, el control de sí mismo, etc, etc.
Luego, para afirmar que una persona es bella, no basta contemplar una imagen suya. Es preciso observar sus ademanes. Hay personas que no teniendo un bello rostro, vistas a media distancia y/o en penumbra, llaman la atención por su elegante caminar. 
Para conocer aún más sobre la belleza de la persona, hay que observar cómo se comporta, hay que oírla y escuchar lo que pueda decir e incluso opinar. Su voz, su risa, su mirada; nos dirán, nos aportarán datos de su pensamiento, de sus sentimientos, de su personalidad, de su interior. 
La belleza, pues, es un cúmulo de virtudes que no se pueden apreciar solamente con la vista. Pero, aún tratando a la persona, conviviendo incluso con ella y por tanto percibiendo retazos de su alma; nunca jamás se llega a conocerla totalmente.
Es en este sentido que digo, que en la esencia de una lengua no se puede penetrar solo con su estudio.

Algunos académicos son (o se creen) tan sabios y tan capaces que no tienen bastante con comprender una lengua. Tienen que domeñarla. (Repito)

Redactan normas complicadas o innecesarias o contradictorias. Los académicos, en su alarde de sabiduría se elevan tanto en su vuelo, que tienen a las águilas, los buitres y las nubes por debajo. Están tan lejos del suelo que no alcanzan a verlo con nitidez. Hacen afirmaciones como esta:
"Aun siendo también sinónimo de español, resulta preferible reservar el término castellano para referirse al dialecto románico nacido en el Reino de Castilla durante la Edad Media, o al dialecto del español que se habla actualmente en esta región. En España, se usa asimismo el nombre castellano cuando se alude a la lengua común del Estado en relación con las otras lenguas cooficiales en sus respectivos territorios autónomos, como el catalán, el gallego o el vasco. Diccionario panhispánico de dudas, 2005, pág. 271-272."
¡Es que en mi vida me he muerto! ¡Que el Castellano es un dialecto! Decir esto es como decir que un padre es una variedad de un hijo. Que el verdaderamente importante es el hijo y que el padre tiene interés, por serlo de ese hijo. Aun si el padre fuese un modesto labrador y su hijo hubiese llegado a ser Obispo-Cardenal-Papa; el hijo pudiera ser muy importante, pero no hubiese sido nada si no hubiera existido antes su padre, que lo engendró. Nadie diría que el padre es una versión menos inteligente, menos capaz, más modesta que el hijo. Cualquiera diría ¿que cualidades ocultas poseía el padre, que transmitidas a su hijo, han confluido y han participado en el alto desarrollo de esta Alta Personalidad? Nadie despreciaría al padre. Cualquiera lo admiraría.
Esta opinión, esta actitud; me mueve a recelar. Y pienso: ¿podría ser que realmente no conozcan el castellano? ¿que lo conozcan y no lo comprendan? ¿que, en su afán por explicárselo a sí mismos, tengan necesidad de investigar el porqué de ser como es; y no hallando una respuesta coherente, improvisen hipótesis alternativas?
Hipótesis motivadas por su alto grado de conocimiento, incluido el de otras lenguas vivas y/o muertas; olvidando o pasando por alto lo más elemental. En el caso del Castellano, que se originó a partir del Latín vulgar. 
El castellano, cuando habla, no está pensando si el verbo que usa es transitivo o intransitivo. Al menos en esto, los especialistas reconocen:

"En general en español y otras lenguas los verbos no son en sí mismos transitivos o intransitivos, sino que se convierten en tales según su uso concreto, y así es posible usar verbos típicamente intransitivos como transitivos, por ejemplo en La soprano canta una ópera, y también expresar verbos transitivos sin la presencia de un objeto directo, por ejemplo en Déjaselo al técnico, que él seguro [que] entiende"  https://es.wikipedia.org/wiki/Verbo

Tampoco piensa si lo que dice es un complemento directo o indirecto. Mucho menos si los pronombres devienen del Latín (del Latín culto, que es del que ha quedado constancia en los textos que estudian los especialistas y que por definición, no es del que deriva el Castellano).
Así, el que estudia Español encuentra normas complicadas, o innecesarias o contradictorias. Normas que los propios lingüistas deben reconocer como tales, y que para hacerlas pasar por buenas, las llenan de excepciones:

"Los sustantivos femeninos que empiezan con una "a" tónica deben llevar el artículo masculino (a menos que entre el artículo y el sustantivo haya un adjetivo)"


"Con los sustantivos femeninos singulares que comienzan por a/ha tónicas, se usa el artículo determinado el para facilitar así la pronunciación, aunque la palabra y sus complementos seguirán siendo femeninos. En plural, sin embargo, se usa el artículo femenino las. Ejemplos: el agua – las aguas, el hacha – las hachas, el águila es muy lista – las águilas son muy listas"

A mi, que no pretendo dármelas de entendido, especialista, ni -mucho menos- maestro de nada; me parecen los académicos, en cuanto a su actividad, un tanto pedantes. Y más cuando leo en enciclopedias editadas en Cataluña que "el laísmo es un defecto de los hablantes de Castilla la Vieja y Madrid"  ¡anda que no hace años que lo leí! 
¡Pero es que aún hoy se puede leer lo mismo!  ¡Y en la Gramática oficial de la RAE!

Y yo, que conozco un poco Cataluña, que he vivido en Cataluña, que me he interesado por la cultura catalana, que he tenido amigos y compañeros catalanes -y parientes, eso si, colaterales- ... de lo poco que sé de la lengua catalana, la cual comencé a estudiar en L' Escola del Treball del Carrer d' Urgel de Barcelona en época Franquista, sé que el catalán que se habla en Barcelona no es un catalán puro (lo afirmaban los propios Barceloneses que reconocían que el idioma que se hablaba en Barcelona difería mucho de la lengua que se hablaba en el Ampurdán). En este sentido podría llamarse catañol, de una forma parecida a como se denomina al espanglish o al portuñol.
Pues eso. Y me digo: ¿voy ser yo, quien les diga a los catalanes del Ampurdán como deben hablar su propia lengua, por más que la llegase a estudiar, conocer y saber? ¡¡Nunca!! y digo ¡Nunca jamás! Por muy erudito que me creyese en filología catalana, jamás se me ocurriría decir a los Ampurdaneses cómo deben hablar su lengua. Seguiría estudiándola inmerso en el ambiente, para conocerla cada día un poquito más; pero siendo consciente de que nunca llegaría al profundo conocimiento que de la misma, otorga haberla mamado.

Del mismo modo, me pregunto y me digo ¿Quien o quienes son estos autores eruditos? ¿Dónde habrán nacido? ¿Cual será su lengua materna? ¿Cuales sus filias y sus fobias? ¿Cual su personalidad? ¿Serán engreídos o ponderados y prudentes? ¿Cuales fueron y son sus circunstancias personales, laborales u ocupacionales, profesionales y relacionales? ¿Estarán absolutamente libres de influencias y condicionantes profesionales y sociales? 

Así que he llegado a una conclusión: el Español no es el Castellano. 

El Castellano es como el hombre íntegro, cabal, prudente, marido fiel y padre responsable, que vive en su entorno y se relaciona con sus parientes y vecinos, tanto cuanto permiten sus circunstancias y las de los demás. Que es generalmente apreciado; y aunque no le falten adversos, permanece impertérrito e imperturbable ante los intentos de desestabilizarle o perjudicarle.
El Español es ese su hijo que se hace mayor, se independiza del padre y por los avatares de la vida adquiere una posición preeminente; la cual le transforma hasta el punto de renegar de su origen y, si pudiera, olvidarlo. Se codea con petimetres, se vuelve remilgado y se hace socio de un club exclusivo autodenominado "los cultos"; cuya junta directiva redacta unas normas ficticias, nada útiles para el común de los mortales; que redundan en potenciar la pretendida exclusividad. Pero que no les inhibe de meter la pata , y a la postre llegar ocasionalmente a quedarse con los calzoncillos en los tobillos, en público.

Así, se puede escuchar a miembros (o quizás solo aspirantes) de ese exclusivo club decir frases como "
habían muchos chicos" "moví la mano y caí el vaso" "entré los yogures en el frigo" "le dí una respuesta que lo quedé helado". Y no digamos con el uso del imperativo. Ya no es correcto si no se le añade el pronombre personal "le": Dale, dadle, denle; hazle, hacedle, háganleEsto si son leísmos. O dar el entorno por adquirido por alguien: "estaba detrás mía" (de mí) "está delante tuyo" (de ti) "al lado tuyo", "encima tuyo" etc, etc, equivocando los personales y los posesivos.

Creo, porque así me lo enseñaron y mi razón me dice que está bien, que el lenguaje tiene que ser eficiente y para ello la frase que se construya, debe formarse con el menor número de palabras posible. Esto nos lleva a evitar la concomitancia. Y esto tiene que ver con los pronombres. Si un pronombre es una palabra que sustituye al nombre, utilizado un pronombre personal, debería ser innecesario añadir el nombre. 

Alguno que lea esto. (O para ser políticamente correcto según los tiempos que corren, en los cuales, si solo dices la primera escueta frase, excluyes a las mujeres). Alguna persona que lea esto, podrá pensar, opinar y manifestar que ¡menudo atrevimiento el de este mediocre alumno! ¡se atreve a enmendar la plana a sus profesores! ¿habíase visto, tamaña desvergüenza? ¡No tiene sentido del ridículo, ni le importa poner al descubierto su ignorancia e incapacidad de aprender unas sencillas normas! Total...¿que le cuesta aprenderlas y usarlas como todos los demás que lo hacemos? Será que no tiene suficiente inteligencia. O si la tuviera, que lo dudamos, es que es un testarudo de tomo y lomo.
Otros, los indulgentes, pensarán (pero no opinarán ni manifestarán) que el que esto escribe no tiene porque ser tonto, a al menos no en exceso; ni tampoco osado o falto de vergüenza; ni siquiera cabezón. Pensarán, movidos por su clemencia, que al escritor le mueve el amor y la fidelidad a la lengua que aprendió de sus progenitores.

Los detractores, cuando lean lo que sigue, se llevarán las manos a la cabeza y exclamarán:     ¡¡ Lo que faltaba!!; ¡¡¿Será energúmeno?!!; ¡¡Ahora va a recurrir a la historia para intentar convencernos de que sus errores no son tales!!

Estrabón, al referirse a los cántabros, habla de la Covada:
" Las mujeres labran los campos, y cuando paren hacen acostar a los maridos y ellas les sirven. Cuéntase también en prueba de la demencia cantábrica que algunos, viéndose clavados en cruces por sus enemigos, cantaban alegremente, lo que indica fiereza"
Dado el origen del castellano, en tierras colindantes o plenamente cántabras en época prerromana, donde los ancestros estuvieran organizados en sociedades matriarcales; o quizás por el respeto y consideración que los castellanos profesamos a nuestras madres, esposas, hijas y hermanas; es por lo que usamos con firmeza los pronombres personales y los artículos femeninos la, las, hasta el punto en que si la frase se refiere a una persona, animal o cosa femenina los utilizamos sin ambages, sin convenciones, sin normas ficticias.
No pretendo establecer que los varones que no sean castellanos amen, respeten y consideren a las mujeres menos. Incluso aceptaría que su amor por ellas es superior al que pueda tener un castellano. Solamente intento averiguar la causa de este aprecio por los pronombres "la", "las" y el artículo "la"; que tenemos los castellanos o al menos algunos de nosotros.

En Burgos, al final del Paseo del Empecinado había un camino que conducía a Las Huelgas por detrás del colegio de "Las Esclavas" hoy "Campolara"; adosado a un canal, hoy cegado, que llevaba agua del Arlanzón al Monasterio y al Hospital del Rey. Hace medio siglo no estaba rotulado. Hace como una década se rotuló. Hoy es el "Pasaje Laserna". Como si estuviese dedicado a algún prócer con ese apellido. Estoy convencido de que en tiempos pretéritos, todo el campo entre la Ciudad y el Monasterio, fueron huertas que medraron a la vera del susodicho canal. En todos los pueblos, villas y ciudades de Castilla había y sigue habiendo un pago o paraje, que por sus características de tierra fértil, planitud y disponibilidad de agua para el riego, se denomina serna (palabra de origen celta, dicho sea de paso). Sin haberlo visto en planos ni mapas, ni leído en ningún otro documento, estoy seguro de que si se indaga se comprobará que ese camino en origen se llamó "Camino de la Serna". 
Estamos hartos de oír a periodistas, presentadores o locutores decir "Moncloa comunica", "se han trasladado a Moncloa" (pongamos por casos) cuando se refieren al Palacio de La Moncloa que está situado en un pago del Distrito Moncloa-Aravaca de la Villa de Madrid. 
No sé si esa extrema reducción es debida a la necesidad de abreviar la locución de la noticia, o que la utilización del artículo "la" produce estremecimientos, escalofríos, calambres o sarpullidos. 
Los castellanos gustamos lo mismo de los pronombres y artículos masculinos que de los femeninos. Hasta el punto de ponerlos en igualdad de condiciones. Por eso, lo que nos produce escalofríos es la omisión de los femeninos. Y ya no digamos su sustitución por uno masculino. Esto, ya nos da calambre.
Para los castellanos prevalece este uso sobre las consideraciones de si lo que se dice o vaya a decirse, se exprese con un verbo transitivo o intransitivo; si ese verbo va a llevar un complemento directo o indirecto y mucho menos si para evitar un supuesto "laísmo" haya que tener en cuenta que en caso de ser un objeto indirecto tenga que ir siempre acompañado por el pronombre "le" en singular o plural. 
La gramática de la RAE reconoce como núcleo del predicado; un verbo, un núcleo verbal o una locución verbal; con lo cual, la distinción y/o separación del complemento verbal -directo e indirecto- no es nítida, precisa, definida. 

En algunos soportes pueden leerse reglas como esta:

"Identificación con preguntas al verbo y sustitución pronominal: 
Para identificar a la persona o ser animado que funciona como complemento indirecto se pregunta al verbo  ¿a quién o a quiénes? y se sustituye por  LE (para masculino y femenino en género singular) y LES (para masculino y femenino en género plural).(*) 
(*) (Esta norma es arbitraria) Por consiguiente, los ejemplos que siguen son infundados. Aparte de que ni siquiera siguen su propia normativa.
Ejemplos:
Ella regaló una camiseta a mi hija > Él le regaló una camiseta. (Ella se la regaló)
Entregó el premio al vencedor. > Le entregó el premio.  la saluda.
A María y a Luisa les (las) gusta el chocolate. > Les (las) gusta el chocolate. 
En las pocas ocasiones que el CI indica cosa o ser inanimado se pregunta al verbo ¿a qué?, como en el siguiente ejemplo: Le dio un puñetazo a la mesa Dio un puñetazo en/a la mesa


!Y mira que yo quiero y me esfuerzo en hablar el Español oficial! Pero es que no puedo. No puedo. Me da repelús. Se ve que los incultos estamos destinados indefectiblemente a serlo. No podemos entrar a formar parte de los cultos por estar incapacitados para ello. ¡Que lo vamos a hacer! 
Me debe pasar algo similar a lo que le pasaba a D. Quijote después de ser derrotado por el de la Blanca Luna en la playa de Barcelona:

Amor, cuando yo pienso
en el mal que me das terrible y fuerte,
voy corriendo a la muerte,
pensando así acabar mi mal inmenso;
    mas en llegando al paso
que es puerto en este mar de mi tormento,
tanta alegría siento,
que la vida se esfuerza, y no le paso.
    Así el vivir me mata,
que la muerte me torna a dar la vida
¡Oh condición no oída
la que conmigo muerte y vida trata!

En mi caso, cambiando la primera palabra -Amor- por Español

O parecido a lo que sentía Santa Teresa cuando esto escribía: 

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba,
que es la vida verdadera,
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva:
muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.

Pongo tanto empeño, que me estoy leyendo la Nueva Gramática de la RAE. Pero no hay tu tia. Tengo esa fatalidad que me hace impermeable al verdadero conocimiento. ¡Jo...lines! Pues no voy por la página cien ¿y ya empiezo a poner en solfa muchas afirmaciones de los académicos?
Pero es que no ayudan nada. En cuanto empiezan con ciertas aseveraciones que acompañan con las coletillas "hay lingüistas que no están de acuerdo" "hay especialistas que discrepan" y sigues leyendo, leyendo, leyendo... y te encuentras afirmaciones como "este leísmo está permitido". ¡Caray! ¿Es que acaso la Real Academia de la Lengua actúa como la Santa Madre Iglesia cuando exigía la vigilia el viernes, salvo si se pagaba la bula? ¿Es el leísmo intrínsecamente malo o lo es solo porque la RAE lo dice?
Acaso se trata de unas condiciones impuestas a modo de las que se establecían para que los caballeros templarios fuesen admitidos, que además de renunciar a una vida propia, jurar obediencia, castidad y pobreza y velar las armas toda una noche, les daban una bofetada de cuello vuelto "para que no olvidaran el día". O las normas y ritos que establecen las sociedades, secretas o no, para ser admitidos en ellas. 
Me auto-excluyo. Renuncio. No entro. 

Entonces consideras: si lo que se pretende es compendiar, sistematizar, sintetizar o codificar; el resultado tiene que ser una obra bien estructurada (esta me lo parece) concreta y concisa. Estas dos últimas no parecen las cualidades de una obra que tiene 3.715 páginas. (Tres mil setecientas quince) Que me las pienso leer. (Pero no aprender)
Y te das cuenta de la dificultad que tienen los académicos. No se puede poner puertas al campo. Mucho menos al monte.

El campo y el monte del español es el verdadero español. Este español sí que me gusta. Cuando llegué a Badajoz, los compañeros y vecinos nos decían a mí y a mi familia "habláis fino" o "sois de donde se dicen las palabras con todas las letras". Algun amigo me bromeaba diciéndome ¿que? ¿noss tomamoss unoss vinoss? (Porque aquí se habla muy rápido y se recortan las palabras)
Me decían "tu hablas bien el español y nosotros no". Yo respondía "hablo castellano. Vosotros sí que habláis español. Los castellanos somos un tanto secos y aportamos la letra. No es que hablemos sin entonación, pero si con sobriedad. Los demás pueblos de España aportáis la música. Eso complementa al Castellano y lo hace Español. 
A mi, me encantan las diversas entonaciones que dan andaluces, gallegos, canarios, vascos, catalanes, valencianos, extremeños, cubanos, mejicanos, argentinos, chilenos y considero sus peculiaridades léxicas un aderezo, un condimento que mejora el idioma. Por eso me duele que se diga que el Castellano es un dialecto. O que la forma de hablar castellana tiene defectos.
Aceptaría que se dijese que es una forma peculiar de hablar el idioma común. Tan digna como cualquiera otra. Que el idioma culto rechace esa forma de hablar castellana, me lleva a renunciar a pretender ser culto. Me quedo con mi español vulgar. Con mi español de menos categoría. Con mi Castellano. 
Para no sentir repelús al decir algo contrario a lo que me dictan mis entrañas.

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